21.20hs
Gore, Agus, el Inspector Gadget y yo salimos a la calle de tierra a buscar a los chicos sabiendo que los íbamos a encontrar. Miramos hacia la derecha: oscuridad. Miramos hacia la izquierda: oscuridad + el recuerdo de haber ido a la izquierda durante el día a ver cómo la piedra movediza de Tandil se quedaba quieta (seguro estaba en el recreo o había parado para almorzar). Oscuridad a ambos lados. Y un recuerdo. Ya no estamos tan seguros de poder encontrarlos. Vamos hacia la derecha porque es lo nuevo. Si fuéramos ellos y tuviéramos que salir a caminar, seguramente iríamos hacia lo desconocido.
21.24hs
Gore, de pronto, tiene una idea magnífica para encontrarlos: gritar.
-Juan! Juaaaaan! Juaaaaaaaaaaan!
-(Queeeeé?)
No sabemos si imaginamos la respuesta o realmente la pronunció alguien escondido entre paréntesis (entre paréntesis es más bajito). Nos quedamos mirando hacia un punto fijo en la oscuridad donde sentimos que vino la respuesta. Creímos ver un movimiento fugaz de alguien en ese sector pero sabemos que probablemente, si nos acercamos, termine siendo una vaca o un remolque. Ya nos ha pasado.
-Juan? Juaaaan?
-ehhhh…
Ahora la respuesta llegó en itálica y en minúscula, pero sin paréntesis. Es un avance. Vemos hacia delante. Desde las sombras emerge el comienzo de lo que parecen ser cuatro personas entrelazadas. ¿Los Simuladores? Saltamos locos de contentos. Quienquiera que sea, no estamos solos.
-Juaaan! Juaaaan! –corre desaforado Gore.
No sabía que lo quería tanto, pienso.
-Ese no es Juan, es Mati! –digo, sorprendiéndome de conocerlo tanto como para reconocerlo casi con los ojos cerrados -. Y está con… Kim, Adam y Maia.
Corrección: no era que lo conocía tanto; tengo ojos de aguila. Corremos hacia ellos en pleno éxtasis. Cuando llegamos lo empujo a Mati con fuerza.
-No sabés lo que pasó?! No sabés lo que pasó?!
Lo empujo más y más fuerte, como imagino que lo haría Elaine si Mati fuera Seinfeld. Él se ríe, y caminamos junto a ellos volviendo hacia la casa. Los rodeamos y les hablamos de los milagros de Palermo como niños excitados relatando el fascinante día que tuvimos en el jardín de infantes. Ellos sonríen como buenos padres que piensan en llegar a la cama, colarles un somnífero a los pequeños y des-can-sar. Luego nos cuentan el sufrimiento que pasaron: desde que nos dejamos de ver hasta ahora mismo estuvieron caminando. Todo el tiempo caminando. Caminando y caminando.
-Y qué? Si la aventura en cartoncito es anticansancio.
-Y anticlimática también.
-Sí, pero fue cansancio mental –cuenta Mati-. No caminamos por un bosque con arbolitos y búhos. Era caminar al costado de una ruta gris, con autos pasando cada tanto. Siempre lo mismo, siempre lo mismo.
-Luz quería llevarnos a un dique y decía que era cerquita nomás -aclara Adam-, pero en sus ojos se veía que tenía más ganas que idea. Después de una hora de monotonía, llegamos a una rotonda. Ahí pareció ubicarse un poco, y dijo que faltaban, más o menos, quince cuadras más.
-Y se sabía que esos tres o cuatro kilómetros que faltaban iban a ser con huelga de dibujantes -sigue Mati-, como venía siendo. Siempre lo mismo, siempre lo mismo. Como cuando en los dibujos animados repiten el fondo y solo hacen mover al personaje. Ahí nos miramos con Kim y Adam y emprendimos la retirada. Maia se sumó al instante. Ellos siguieron. Los valientes.
-Vamos para allá? Vamos a buscarlos? –dice Agus entusiasmado.
-Olvidate, es imposible. No tenés idea lo lejos que están.
Agus pone cara de imaginarse una idea. Mati niega con la cabeza: la idea es equivocada. Es más.
-Así que abandonaron al equipo cuando intuyeron la derrota.
-Estaba claro que ese equipo no iba a ninguna parte –dice Kim, lapidaria.
Con esa frase, esa entonación y esa mirada mortal, conocemos un nuevo costado de la novia de Adam: Kim, la fatalista. Cruela de Kim.
Todos piden por favor pasar por la casa.
-Necesito cambiarme las medias -explica Maia con una sonrisa.
21.37hs
Los chicos ya reforzaron su aventura / recargaron las baterías / encontraron el segundo aire. A Maia se la ve contenta con las medias nuevas. Agus apoya su cabeza contra una columna, ahí afuera, en lo que sería el porche de la casa si estuvieramos en Connecticut. Escucho que dice para sí mismo, dándose cuenta:
-Yo en este momento tendría que estar con mi novia.
Entiendo que soy testigo del comienzo. Justo en ese momento, Agus va a iniciar un automartirio psicólogico que lo llevará a una odisea en busca de su Paula. Una tarea absurda y sufrida, ya que mirando alrededor es evidente que nadie es capaz de ayudarlo. Eso no importa. Él maquinará hacia esa dirección, jinete obcecado de lo imposible. Por si acaso me alejo un poco. A mi también me gustaría ver a los chicos: no quisiera contagiarme.
21.43hs
Con la idea fija, Agus entra a la casa en busca de un aliado. Se sienta frente a Gore, mesa de por medio, y le pide que lo ayude en el rescate. Gore mueve los labios de lado a lado, exhala por la nariz y de a poco asiente con la cabeza.
-Por lo de la carta astral –le dice Agus, refiriéndose a la tendencia pos grupal que saturno, venus o plutón insertaron en la personalidad de su amigo.
-Claro, la carta astral –repite Gore, dándose cuenta.
Agus asiente con la cabeza. Gore asiente con la cabeza. Ambos se miran fijo.
-Sí, la carta astral.
-Sí, la carta astral.
Se entienden profundamente.
-La carta astral.
-Claro, la catra astral.
-Sí.
-Sí.
Siguen asintiendo con la cabeza. Ya van más de siete veces. Y yo paradito al lado de ellos, mirándolos conectar.
-Ah! –grito de impotencia - dónde tengo la cámara?.
Sonríen, descubiertos. Rompí la magia, pero encuentro la cámara e intento revivir la conversación obligándolos a actuarla. No es lo mismo.
21.54hs
Recuerdo que al principio del viaje saludé a Luz apenas llegó y todos dijeron:
-Miren! Luz y Fer. Luz y Fer!
No lo tomé como un presagio, pero no será ella solita Lucifer? Esta noche los llevó a todos por el mal camino. Sin embargo, también generó el Momento del Si entre Agus y Gore. Ahí mismo la empató: se autorescató.
22.12hs
Ya estamos fuera de la casa, listos para emprender una nueva aventura hacia el monte. Mati estrecha a Gore con los dos brazos:
-La verdad, hay que tener huevos para meterte en un auto y viajar hasta allá a rescatarlos. Te felicito Gore. Mucho huevo.
Gore inclina la cabeza, enseria la voz, lo mira fijo y susurra:
-Es un viaje que se debe hacer acompañado.
-Tiró un De Niro! Tiró un De Niro! –grito muriendo de la risa.
Aunque la entonación fue más de héroe de acción, tipo Bruce Willis. De cualquier manera, no le funcionó.
22.26hs
Subimos la colina oscura hacia los pagos de la piedra movediza de Tandil. Quizás se mueva de noche, cuando nadie la ve, de pura caprichosa. Agus y Gore por ahora se suman a nosotros, entendiendo lo inútil de buscar a diez personas en un solo auto.
La oscuridad se ilumina gracias a la linterna de Kim. Kim también trajo agua y encendedor. A todos nos dan ganas de ser más amigos de ella.
-Una chica precavida siempre es bienvenida –le digo.
Ella asegura ser precavida porque no quiere depender de nadie. Pero se nota que le gusta tener el poder de la luz. O cualquier tipo de poder. Ya la vimos Cruela, ahora independiente y con ansias de poder. Nota: conviene hacerse más amigo, por si acaso.
22.31hs
El camino está cerrado por una tranquera. Hacemos lo que todo buen porteño debe hacer en estas ocasiones: la saltamos.
22.34hs
Una luz se enciende, como si un sorpresivo guardia de prisión nos alumbrara al escapar. Vemos una casa encendida, silenciosa, pero no llegamos a ver al espía.
-Tranquilos, es un sensor que hace encender la luz. Es automático.
-Sí, pero ahora saben que estamos adentro.
-Uhhhh.
22.37hs
Paramos un segundo antes de internarnos en el verdadero bosque. Into the wild. Un perro ladra a la distancia. El ladrido se oye cada vez más cerca. Vemos al perro grandote venir directamente hacia nosotros y nos preparamos para lo peor.
-Ahhhhhhhhh -gritamos para adentro los más cobardes mientras los valientes contienen la respiración.
Cuando el perro llega aminora el paso. Mueve la cola, nos lame las manos y se pone mimoso. Es un primor.
-Hola precioso –lo acaricio todo-. Sos igual al perro de la Historia sin Fin: Falcor!
-Uy! Justo hoy con Adam hablamos de la Historia sin Fin! –dice Kim.
-Si? Por qué?
-Porque vimos una nube.
Todo dicho señores.
22.41hs
Aparece de la nada el guarda enojadísimo a echarnos.
-Qué hacen ahí? No saben que una verja es como una pared? -grita furioso.
Luego Mati me diría que en el interior es muy así: una verja se respeta. Me pareció cierto, aunque extraño que él lo supiera siendo tan nene de pecho como yo. El guarda camina violentamente hacia nosotros sin detenerse. Me corro antes de que llegue, pero Mati se queda inmóvil.
-Tranquilo, ya nos vamos.
El guarda parecía ir directo a pegarle, pero se detuvo al final. Mati no pestañeó. Bien ahí.
-Ustedes! Bájense de ahí!
Agus y Maia bajaron de la piedra. Mati se quedó a esperar a Maia mientras Agus apuró el paso con las manos en los bolsillos a pasito apresurado de perrito remolón.
Aclaración: que me haya pegado un julepe similar no impide que me pueda dar gracia el pasito apresurado de perrito remolón.
Emprendemos la retirada en masa calle de tierra abajo con el guarda respirándonos en la nuca, en actitud violenta, ladrándonos en las orejas. El pichicho a su lado, mansito cual dragón de nube con cara de perro.
-Yo también estaría enojado –susurra Maia-, imaginate tener que hacer el trabajo del perro. Seguro que siempre lo manda a laburar y el otro es tan inepto como amigable.
-Para mi que el tipo mide medio metro pero tiene voz gruesa. Con la oscuridad no se puede saber –dice Mati.
-En el fondo le hicimos un favor. Seguro que el hombre vuelve a la casita chocho de la vida de haber asustado a unos porteñitos. Se lo cuenta a la señora y se duerme con una sonrisa. Un trabajo bien hecho.
23.42hs
Regresamos a la casa, pero antes de entrar por la puerta trasera del complejo descubrimos un nuevo camino. No sabemos hacia dónde lleva.
-Caminamos hasta el alambrado? –propongo.
-Hay un alambrado?
-No se, pero vayamos hasta encontrarlo. Si no lo encontramos, seguimos.
Mati, Kim, Adam, Maia y yo continuamos por el nuevo camino. Después de no muchos pasos llegamos a ver la ciudad de Tandil toda iluminada. Nos detenemos para maravillarnos en silencio. Suena mi teléfono.
-Fer, soy Agus. Me llamó Pau recién, los chicos están cansados y hambrientos. Piden que vayamos a buscarlos. Hay que salvarlos.
-Y yo qué querés que haga? No tengo auto.
Agus insiste y yo varias veces repito la misma excusa.
-Cada quien elige su camino; hay que hacerse cargo -había dicho Kim.
Yo estaba de acuerdo. Lo entendí cuando elegí ver el partido por sobre la caminata, decisión difícil. Hubiera preferido que no nos abandonaran, pero lo entendí. Ahora tenían que entenderlo ellos. Así de malo soy?, pensé de pronto. Me tranquilicé por saber que, aunque no lo fuera, igual no podría hacer nada al respecto.
-Decile que los estamos saludando desde acá! –me grita Mati.
Levanto la cabeza y lo veo abrazado a Maia saludando entusiasmado hacia la ciudad iluminada. Ambos agitaban los brazos con mucha fuerza, sonriendoles a lo lejos, en puntitas de pie para que los vieran mejor.
Enseguida Mati se da vuelta, viene hacia mi y agarra el teléfono.
-Agus, me encantaría ayudarlos pero nadie de los que está acá se encuentra en condiciones remotas de manejar un automovil –dice, y corta el teléfono.
De un salto llego a su cuello y lo abrazo cual mono tití.
-James Bond! –le digo- Sos James Bond!
23.55hs
Volvemos a enfrentar a la ciudad. Eran casi las doce de la noche, ya decidimos no mirar atrás. Faltaban unas seis horas para el amanecer; ese era el objetivo. El de Agus, en cambio, sería unir a los equipos para reencontrarse con su media naranja (certificada por carta astral). Agus, el Puentecito del Amor, y Gore, el Amante Grupal, enfrentarían su travesía con la fiel asisstencia del Inspector Gadget. Nosotros seguiríamos nuestra historia sin pensar en conducirla ni en detenerla. Simplemente dejándonos llevar. Hasta el alambrado.
viernes 6 de noviembre de 2009
martes 3 de noviembre de 2009
PLAN TANDIL -DÍA 2
11.15hs Despierto en la cucheta de abajo de una cama marinera. Otras siete camas marineras me rodean. No veo a ningún marinero a la vista. Por un segundo me siento en un dormitorio de un campo de concentración. Afuera veo el campo, pero sospecho que no va a haber mucha concentración en este viaje. De pronto me asalta el recuerdo de las chicas rolando unas sobre otras. ¿De qué estábamos hablando?
13.24hs Recital improvisado de Los Talarga en la cocina.
Lista de temas:
1- Perro zombie
2-Te vamos a hacer chimi
3-Perro Paloma
4-El momento groso (nuevo tema!)
5-Autochoreo! (nuevo tema!)
15.35hs Luz reparte dibujos que representan nuestra esencia: la carta astral de cada uno. El dibujo es un círculo y lo atraviesan líneas rojas y azules por los cuatro hemisferios. Lo imprimió luego de bajarlo de internet. Eso significa que mi esencia, y la de los demás, siempre estuvo en internet. Sólo había que saber buscarla.
15.42hs Estoy contento. Intuyo que mis líneas tienen cierto orden, porque se entrecruzan por los cuatro hemisferios. Tengo un poquito de cada cosa. Le pregunto a Luz y ella lo confirma: resulta que soy equilibrado. Quisiera verle la cara cuando le cuente a mi psicóloga: tapa tapita tapón. Otros, sin embargo, tienen todas sus líneas concentradas en un mismo sector, lo que no quiere decir que sean peores. Quizás más concisos.
15.55hs Luz pasa a explicar ascendentes, soles, júpiter y la mar en coche. Comparamos dibujos y descubrimos que algunos son diametralmente opuestos. Juan, por ejemplo, es todo para adentro. Gore, todo para afuera. Juntos abarcan un Matienzo entero. Agus, por su parte, es la mitad faltante de Paula. Su media naranja.
-Es que juntos somos el universo entero –dice él.
Cuchi cú.
16.03hs Estamos todos alrededor de la mesa. Luz pregunta quién tiene la luna aquí, el marte allá. Vamos levantando las manos y de a poquito ella nos va desnudando. Lamentablemente, es una metáfora. Cada quién reacciona a su manera: algunos fingen desinterés, otros quieren ser los primeros en saber. Internamente todos concuerdan con el diagnóstico. Gore va en pos del fin grupal, Maia gusta de gente brillante, el norte de Mati es la profesión, Agus debería dedicarse al placer de la belleza, yo tiendo a refugiarme en las matemáticas y así. Cada vez somos menos desconocidos.
16.12hs Lo que empezó como un divertimento se torna algo más profundo, personal, espeso. Muchos prefieren el silencio. Paula pide pido contra los comentarios chistosos. Me doy cuenta que señalar es de mala educación, especialmente en los vestuarios y las reuniones tapperware de carta astral. Me sumo a esos muchos y al silencio lo tapa únicamente la lluvia. Queremos verla por la ventana y mirarnos para adentro al mismo tiempo, pero somos más de quince y no hay suficientes ventanas. Cuando llega mi turno, veo gotas gordas y conclusiones. Por fin llegué a conocerme. Después de buscarme tantos años, nunca pensé que me encontraría en internet. O en las estrellas. De todas maneras, ya tenía mis sospechas. Una pequeña parte mía se tuvo que tragar las ganas de quedarse pasmado o caerse de culo con detalles ocultos de mi personalidad.
Esa parte también ya la conocía.
16.43hs La lluvia parece detenerse, pero es mentira. Hay debate sobre cuándo despertar la aventura en cartoncitos. Sabri presiona para no hacerle caso a la lluvia, porque Tomi se tiene que ir al día siguiente y si no se la va a perder. No digo nada pero siento el presagio de que, si nos aventuramos hoy, el partido Argentina vs Perú va a partir el grupo al medio. Y me va a dejar del lado de los fanáticos.
17hs Perdí en la interna del partido. Voy a tener que ver el partido con los faroles encendidos, tratar de centrar la vista en el cuadradito donde se mueven los jugadores y esperar que mientras tanto el Resto del Mundo le tenga paciencia a los Amigos del Fútbol y no decida salir a jugar hacia ninguna parte sin dejarnos miguitas en el camino. Dios dirá. Maradona seguramente no. Cuando se pará con el ceño fruncido al borde de la cancha no sabe qué decir. Solo tiende a aplaudir.
17.08hs Acostados abrazaditos en el colchón del piso del living, al lado de la estufa y tapaditos con la frazada, Kim y Adam despiertan por primera vez en el viaje. En bandeja le acercan una porción de aventura en cartoncito. La toman y vuelven a acostarse. Alguien cuenta la anécdota del hombre que tragó su aventura, la vivió enteramente de dormido y despertó sin recordarla. Nos pareció un desperdicio, pero Kim y Adam aclaran que este no es el caso. Ya se levantan, ya se levantan. Hay que darles tiempo. Quince horitas de corrido no es tanta cosa. Igualmente sospecho que son vampiros y esperan la caída del sol. Eso lo explicaría todo.
17.27hs Subimos a la colina hasta la piedra movediza de Tandil. No se mueve.
17.36hs Arriba de un árbol mantengo una charla con Agus sobre aquellas veces que nos dimos cuenta de haber sobrepasado el límite cuando era demasiado tarde. Él cuenta de la vez que subió a una piedra bien alta en el sur y luego se enteró de que no podía bajar. Yo de la vez que mi hermano se falso murió por querer tirarse de culo patín desde un lugar imposible hasta aterrizar en un montón de rocas filosas. Estamos parados en ramas sólidas a más de siete metros del piso y, por suerte, este no es uno de esos casos. Sin embargo, es mi record de trepador de los últimos cinco años. Bien por mí.
17.41hs Las cosas ya se ven más coloridas y el agua de la llovizna nos rebota como si tuviéramos un campo de fuerza sobre nuestra piel. Subo a una aerosilla sin funcionamiento con Maia y trabajamos en equipo para hamacarnos. No logramos avanzar demasiado. Igual, vale la intención.
18.05hs Llegamos a ver el partido empezado. Entre niños, viejos, campesinos, encargados, turistas y nuestros propios aventureros del cartón, somos treinta hinchas distribuidos en bancos sin respaldo. La tele se ve muy chica. O mis ojos están demasiado grandes. Es complicado centrar la atención en un pequeño cuadradito cuando hay tanto por ver alrededor. Me esfuerzo por intentarlo, principalmente por Pablito Aimar. Hace años que esperaba verlo ahí.
18.45hs Sale una escondida en el entretiempo con obligación de ruidos de pájaros en intervalos regulares para guiar al contador. Pican para todos los compas, pero no valía.
19.15hs Segundo tiempo, parece que nos escondimos de más. Ya nos perdimos el gol de Higuaín con asistencia de Aimar. Mi doble festejo personal llega con delay. Sobre el monumental cae una lluvia torrencial. Casi no se puede jugar.
-Qué linda noche para un héroe –se me ocurre decir.
Primer presagio.
19.18hs Palermo sufre una patada en la cara. Lo atienden al costado del campo de juego. Cuando se recupera, lo secan con una toalla y regresa a la cancha con la nariz hinchada tomando una botellita de agua que arroja al costado mientras trota hacia el área.
-Es rocky! –dice Juan.
Segundo presagio.
19.20hs Luz aparece para avisar que el Resto del Mundo se dispone a emprender una caminata hacia un dique tandilense. Y se va.
Juan dice tener el corazón partido. Yo también, pero la parte del fútbol pesa más. De pronto miro al costado y veo que Juan ya no está. Despareció en algún momento, cuando mis ojos estaban fijos en la tv. Corro fuera del salón. Mientras corro me imagino como un amante que entra desesperado a la iglesia para detener el casamiento. No se ni para qué corro. Supongo que para pedirles que lleven consigo un celular para mantenernos comunicados. O para despedirlos con un abrazo. No importa. Cuando llego afuera ya no están. El pasto del campo se ve oscuro y mojado. Doy media vuelta y enfrento mi decisión. 29 muchachos y una tv. Esta es mi historia.
19.35hs Mucho pesimismo. Perú baila a Argentina de visitante. Agus se suma a mi optimismo y aplaudimos un poco para arengar a la gente. Antes de patear un tiro libre notamos que ni el público ni los jugadores pueden ver nada con tanta lluvia.
-Mejor –dice Agus-, Palermo es un jugador de la niebla.
Tercer presagio.
19.40hs Faltan cinco minutos para el final. La señal se cae. DirecTV te abandona cuando menos lo esperás. Nos quedamos mirandonos sin saber qué hacer. Después de ochenta y cinco minutos de sexo no nos pueden quitar el orgasmo. Pensamos y pensamos. Nos sentamos resignados. Pero luego decidimos que la incertidumbre es inaceptable. Veo a gaby sacar su celular sin poder comunicarse. Corro hacia el pasto de afuera y lo llamo a Iván. Me atiende.
-Ivo relatame el partido. Se cayó la señal, tengo a 30 personas sin saber qué pasó.
-Qué?
-Relatame el partido! Contame qué está pasando.
-Gol de Perú.
-Dale, no jodas.
-Gol de Perú.
-No me podés hacer esto. No es gracioso.
-Gol de Perú. Gol de Perú.
La voz no escondía ninguna sonrisa. Era atonal, como la de un robot. Lo decía como si tuviera la mente en blanco, en estado de shock. Ivo no era tan buen actor como para fingir eso.
-En serio me lo decís? Gol de Perú?
-Te lo juro.
Corto el teléfono. Veinte personas me miran.
-Gol de Perú –les digo, sin estar convencido.
-Volvió la señal! –grita alguien desde adentro.
Corremos hacia la tele y descubrimos que es cierto. Argentina 1 Perú 1. Quedarse fuera del mundial ya no es una hipótesis para discutir en charlas de café. Es una realidad. Este partido es la razón por la que abandonamos a todos nuestros amigos. Pero nunca imaginamos que el resultado sería este. ¿Elegimos mal? Ya está, teníamos que verlo con nuestros propios ojos. Cuando uno se hace grande, los partidos que verdaderamente importan son cada vez menos. Una o dos veces al año: la semifinal de una copa Libertadores, la final de una Copa América, salvarte del descenso en el caso de que seas hincha de Racing. Poco a poco pasamos de ser hinchas a simples simpatizantes. Es natural. Pero en el mundial siempre renace el hincha. El mundial nos importa. ¿Cuántos mundiales viviremos en nuestra vida con total intensidad? Diez, a lo sumo. Y perderse uno a los 28 años, en nuestro mejor momento como espectadores de fútbol, cuando mejor entendemos el juego, estamos maduros y hasta consideramos hacer el esfuerzo monetario para viajar hasta Sudáfrica (¡a Sudáfrica!). Todo bien con Maradona, lo quiero y hasta me dan gracia sus declaraciones. Pero su soberbia nunca me había tocado tan de cerca. Esta vez influye directamente en mi vida. Ahora es personal.
19.45hs Corner para Argentina. Quizás la última jugada del partido. La lluvia no se detiene. Es un temporal. Todos llevamos el silencio puesto, las manos sobre la cabeza y la buena intención de entender todo este asunto. De asimilar la realidad. Todavía no lo logramos.
Viene el corner: se cae la señal.
Nos miramos a los ojos. Esta vez la reacción es instantánea. Salgo corriendo hacia el pasto y marco el teléfono de Iván. Me atiende. Se escucha un grito a lo lejos.
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
-Ivo me escuchás? Ivo?
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
-Ahhh gol? Ahhh gol?
-Ahhhhhhhhhhhhh!
-Gol? Fue gol?
La gente se agolpa a mi alrededor entusiasmada. Gol? Gol?, preguntan.
Yo sólo escucho los gritos a lo lejos. Parecen estar festejando.
-Si, gol! Palermo! Palermo!
-En serio? En serio?
-Te lo juro.
-Gol! Goool!
Los de adentro también salen al escuchar el grito. 29 personas dependen de mi, y yo les permito gritar sin estar convencido. Hasta no verlo no lo creo. Y si no es verdad me linchan. Pero igual nos abrazamos, por qué no? Me siento como aquel viejito de la publicidad de Quilmes que grita el gol en la terraza con la oreja pegada a la radio cuando a todos se le corta la luz. El momento groso es este, los Talarga lo cantaron en la cocina sin saberlo. Tan groso es, que podría ser propaganda.
19.48hs Vuelve la señal y confirmamos el milagro. La repetición del festejo no tiene precio: Palermo primero se ríe como un niño, loco de contento, y a la mitad de la carrera cae en la cuenta de lo que sucedió y se larga a llorar. Extiende los brazos, la lluvia lo baña y él no entiende por qué está destinado a hacer cosas como esas. Pero es así.
20.12hs Salimos al pasto oscuro y mojado sin saber qué hacer ni a dónde ir. No podemos contener tanta energía en un solo cuerpo. Hay que sacarla. Corremos hasta la casita con la esperanza de encontrar alguien nuevo a quién abrazar y nos encontramos a Isa, que nos mira eufóricos sin entender. Le contamos todo, pero sigue sin entender. Nunca lo va a entender. Nunca en la vida.
20.17hs Gaby logra comunicarse con su papá. Lo primero que se dicen es lo siguiente:
-Palermo, no lo puedo creer.
-Palermo, no lo puedo creer.
Corta el teléfono. Nos cuenta que el padre volvió a la cancha después de quince años para ver este partido. Y tenía una entrada para él.
-No tenía que ser, no tenía que ser –dice.
Lo veo sonriendo, con sus rulos, sus anteojos y el sobretodo. Está tan Inspector Gadget que no me sale decírselo. Es como si ya lo supiera. Él saca la pelota de fútbol del cuarto y sale a correr con ella en la oscuridad del campo. Corremos detrás de su excelente idea sin saber cuándo frenar.
-Soy Palermo! –grita él.
-No! Yo Soy Palermo!
-Yo soy Palermo!
20.24hs Retomamos el aliento debajo de un árbol. Repasamos lo que pasó, por quinta vez.
-Y, sin embargo, aunque me siga callando a boca todas las veces, no dejo de pensar que lo único que hizo fue empujarla. Su mérito sólo es estar ahí, es raro –digo.
-Noooo… -aclara gaby – Hizo mucho esfuerzo para estar ahí. ¿Cuántos goles tuvo que hacer para que lo dejen estar ahí? Se ganó el derecho de estar ahí. Y ahí estuvo.
Tiene razón. Esperemos que también tenga razón cuando dice que este es solo un capítulo más de su saga. Que su película termina en la final del mundial haciendo un gol de carambola con la espalda, la nuca o la nariz.
-Y cuando lo haga no van a esperar a filmar la película. Le dan el Oscar directo. Para acortar camino.
Discutimos y proponemos a Nicolas Cage para el papel. O Will Ferrel, si se hace en clave de comedia. Luego decidimos salir a buscar a los chicos. A ciegas. De alguna manera los vamos a encontrar. Estas aventuras son así. Y allá vamos.
13.24hs Recital improvisado de Los Talarga en la cocina.
Lista de temas:
1- Perro zombie
2-Te vamos a hacer chimi
3-Perro Paloma
4-El momento groso (nuevo tema!)
5-Autochoreo! (nuevo tema!)
15.35hs Luz reparte dibujos que representan nuestra esencia: la carta astral de cada uno. El dibujo es un círculo y lo atraviesan líneas rojas y azules por los cuatro hemisferios. Lo imprimió luego de bajarlo de internet. Eso significa que mi esencia, y la de los demás, siempre estuvo en internet. Sólo había que saber buscarla.
15.42hs Estoy contento. Intuyo que mis líneas tienen cierto orden, porque se entrecruzan por los cuatro hemisferios. Tengo un poquito de cada cosa. Le pregunto a Luz y ella lo confirma: resulta que soy equilibrado. Quisiera verle la cara cuando le cuente a mi psicóloga: tapa tapita tapón. Otros, sin embargo, tienen todas sus líneas concentradas en un mismo sector, lo que no quiere decir que sean peores. Quizás más concisos.
15.55hs Luz pasa a explicar ascendentes, soles, júpiter y la mar en coche. Comparamos dibujos y descubrimos que algunos son diametralmente opuestos. Juan, por ejemplo, es todo para adentro. Gore, todo para afuera. Juntos abarcan un Matienzo entero. Agus, por su parte, es la mitad faltante de Paula. Su media naranja.
-Es que juntos somos el universo entero –dice él.
Cuchi cú.
16.03hs Estamos todos alrededor de la mesa. Luz pregunta quién tiene la luna aquí, el marte allá. Vamos levantando las manos y de a poquito ella nos va desnudando. Lamentablemente, es una metáfora. Cada quién reacciona a su manera: algunos fingen desinterés, otros quieren ser los primeros en saber. Internamente todos concuerdan con el diagnóstico. Gore va en pos del fin grupal, Maia gusta de gente brillante, el norte de Mati es la profesión, Agus debería dedicarse al placer de la belleza, yo tiendo a refugiarme en las matemáticas y así. Cada vez somos menos desconocidos.
16.12hs Lo que empezó como un divertimento se torna algo más profundo, personal, espeso. Muchos prefieren el silencio. Paula pide pido contra los comentarios chistosos. Me doy cuenta que señalar es de mala educación, especialmente en los vestuarios y las reuniones tapperware de carta astral. Me sumo a esos muchos y al silencio lo tapa únicamente la lluvia. Queremos verla por la ventana y mirarnos para adentro al mismo tiempo, pero somos más de quince y no hay suficientes ventanas. Cuando llega mi turno, veo gotas gordas y conclusiones. Por fin llegué a conocerme. Después de buscarme tantos años, nunca pensé que me encontraría en internet. O en las estrellas. De todas maneras, ya tenía mis sospechas. Una pequeña parte mía se tuvo que tragar las ganas de quedarse pasmado o caerse de culo con detalles ocultos de mi personalidad.
Esa parte también ya la conocía.
16.43hs La lluvia parece detenerse, pero es mentira. Hay debate sobre cuándo despertar la aventura en cartoncitos. Sabri presiona para no hacerle caso a la lluvia, porque Tomi se tiene que ir al día siguiente y si no se la va a perder. No digo nada pero siento el presagio de que, si nos aventuramos hoy, el partido Argentina vs Perú va a partir el grupo al medio. Y me va a dejar del lado de los fanáticos.
17hs Perdí en la interna del partido. Voy a tener que ver el partido con los faroles encendidos, tratar de centrar la vista en el cuadradito donde se mueven los jugadores y esperar que mientras tanto el Resto del Mundo le tenga paciencia a los Amigos del Fútbol y no decida salir a jugar hacia ninguna parte sin dejarnos miguitas en el camino. Dios dirá. Maradona seguramente no. Cuando se pará con el ceño fruncido al borde de la cancha no sabe qué decir. Solo tiende a aplaudir.
17.08hs Acostados abrazaditos en el colchón del piso del living, al lado de la estufa y tapaditos con la frazada, Kim y Adam despiertan por primera vez en el viaje. En bandeja le acercan una porción de aventura en cartoncito. La toman y vuelven a acostarse. Alguien cuenta la anécdota del hombre que tragó su aventura, la vivió enteramente de dormido y despertó sin recordarla. Nos pareció un desperdicio, pero Kim y Adam aclaran que este no es el caso. Ya se levantan, ya se levantan. Hay que darles tiempo. Quince horitas de corrido no es tanta cosa. Igualmente sospecho que son vampiros y esperan la caída del sol. Eso lo explicaría todo.
17.27hs Subimos a la colina hasta la piedra movediza de Tandil. No se mueve.
17.36hs Arriba de un árbol mantengo una charla con Agus sobre aquellas veces que nos dimos cuenta de haber sobrepasado el límite cuando era demasiado tarde. Él cuenta de la vez que subió a una piedra bien alta en el sur y luego se enteró de que no podía bajar. Yo de la vez que mi hermano se falso murió por querer tirarse de culo patín desde un lugar imposible hasta aterrizar en un montón de rocas filosas. Estamos parados en ramas sólidas a más de siete metros del piso y, por suerte, este no es uno de esos casos. Sin embargo, es mi record de trepador de los últimos cinco años. Bien por mí.
17.41hs Las cosas ya se ven más coloridas y el agua de la llovizna nos rebota como si tuviéramos un campo de fuerza sobre nuestra piel. Subo a una aerosilla sin funcionamiento con Maia y trabajamos en equipo para hamacarnos. No logramos avanzar demasiado. Igual, vale la intención.
18.05hs Llegamos a ver el partido empezado. Entre niños, viejos, campesinos, encargados, turistas y nuestros propios aventureros del cartón, somos treinta hinchas distribuidos en bancos sin respaldo. La tele se ve muy chica. O mis ojos están demasiado grandes. Es complicado centrar la atención en un pequeño cuadradito cuando hay tanto por ver alrededor. Me esfuerzo por intentarlo, principalmente por Pablito Aimar. Hace años que esperaba verlo ahí.
18.45hs Sale una escondida en el entretiempo con obligación de ruidos de pájaros en intervalos regulares para guiar al contador. Pican para todos los compas, pero no valía.
19.15hs Segundo tiempo, parece que nos escondimos de más. Ya nos perdimos el gol de Higuaín con asistencia de Aimar. Mi doble festejo personal llega con delay. Sobre el monumental cae una lluvia torrencial. Casi no se puede jugar.
-Qué linda noche para un héroe –se me ocurre decir.
Primer presagio.
19.18hs Palermo sufre una patada en la cara. Lo atienden al costado del campo de juego. Cuando se recupera, lo secan con una toalla y regresa a la cancha con la nariz hinchada tomando una botellita de agua que arroja al costado mientras trota hacia el área.
-Es rocky! –dice Juan.
Segundo presagio.
19.20hs Luz aparece para avisar que el Resto del Mundo se dispone a emprender una caminata hacia un dique tandilense. Y se va.
Juan dice tener el corazón partido. Yo también, pero la parte del fútbol pesa más. De pronto miro al costado y veo que Juan ya no está. Despareció en algún momento, cuando mis ojos estaban fijos en la tv. Corro fuera del salón. Mientras corro me imagino como un amante que entra desesperado a la iglesia para detener el casamiento. No se ni para qué corro. Supongo que para pedirles que lleven consigo un celular para mantenernos comunicados. O para despedirlos con un abrazo. No importa. Cuando llego afuera ya no están. El pasto del campo se ve oscuro y mojado. Doy media vuelta y enfrento mi decisión. 29 muchachos y una tv. Esta es mi historia.
19.35hs Mucho pesimismo. Perú baila a Argentina de visitante. Agus se suma a mi optimismo y aplaudimos un poco para arengar a la gente. Antes de patear un tiro libre notamos que ni el público ni los jugadores pueden ver nada con tanta lluvia.
-Mejor –dice Agus-, Palermo es un jugador de la niebla.
Tercer presagio.
19.40hs Faltan cinco minutos para el final. La señal se cae. DirecTV te abandona cuando menos lo esperás. Nos quedamos mirandonos sin saber qué hacer. Después de ochenta y cinco minutos de sexo no nos pueden quitar el orgasmo. Pensamos y pensamos. Nos sentamos resignados. Pero luego decidimos que la incertidumbre es inaceptable. Veo a gaby sacar su celular sin poder comunicarse. Corro hacia el pasto de afuera y lo llamo a Iván. Me atiende.
-Ivo relatame el partido. Se cayó la señal, tengo a 30 personas sin saber qué pasó.
-Qué?
-Relatame el partido! Contame qué está pasando.
-Gol de Perú.
-Dale, no jodas.
-Gol de Perú.
-No me podés hacer esto. No es gracioso.
-Gol de Perú. Gol de Perú.
La voz no escondía ninguna sonrisa. Era atonal, como la de un robot. Lo decía como si tuviera la mente en blanco, en estado de shock. Ivo no era tan buen actor como para fingir eso.
-En serio me lo decís? Gol de Perú?
-Te lo juro.
Corto el teléfono. Veinte personas me miran.
-Gol de Perú –les digo, sin estar convencido.
-Volvió la señal! –grita alguien desde adentro.
Corremos hacia la tele y descubrimos que es cierto. Argentina 1 Perú 1. Quedarse fuera del mundial ya no es una hipótesis para discutir en charlas de café. Es una realidad. Este partido es la razón por la que abandonamos a todos nuestros amigos. Pero nunca imaginamos que el resultado sería este. ¿Elegimos mal? Ya está, teníamos que verlo con nuestros propios ojos. Cuando uno se hace grande, los partidos que verdaderamente importan son cada vez menos. Una o dos veces al año: la semifinal de una copa Libertadores, la final de una Copa América, salvarte del descenso en el caso de que seas hincha de Racing. Poco a poco pasamos de ser hinchas a simples simpatizantes. Es natural. Pero en el mundial siempre renace el hincha. El mundial nos importa. ¿Cuántos mundiales viviremos en nuestra vida con total intensidad? Diez, a lo sumo. Y perderse uno a los 28 años, en nuestro mejor momento como espectadores de fútbol, cuando mejor entendemos el juego, estamos maduros y hasta consideramos hacer el esfuerzo monetario para viajar hasta Sudáfrica (¡a Sudáfrica!). Todo bien con Maradona, lo quiero y hasta me dan gracia sus declaraciones. Pero su soberbia nunca me había tocado tan de cerca. Esta vez influye directamente en mi vida. Ahora es personal.
19.45hs Corner para Argentina. Quizás la última jugada del partido. La lluvia no se detiene. Es un temporal. Todos llevamos el silencio puesto, las manos sobre la cabeza y la buena intención de entender todo este asunto. De asimilar la realidad. Todavía no lo logramos.
Viene el corner: se cae la señal.
Nos miramos a los ojos. Esta vez la reacción es instantánea. Salgo corriendo hacia el pasto y marco el teléfono de Iván. Me atiende. Se escucha un grito a lo lejos.
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
-Ivo me escuchás? Ivo?
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
-Ahhh gol? Ahhh gol?
-Ahhhhhhhhhhhhh!
-Gol? Fue gol?
La gente se agolpa a mi alrededor entusiasmada. Gol? Gol?, preguntan.
Yo sólo escucho los gritos a lo lejos. Parecen estar festejando.
-Si, gol! Palermo! Palermo!
-En serio? En serio?
-Te lo juro.
-Gol! Goool!
Los de adentro también salen al escuchar el grito. 29 personas dependen de mi, y yo les permito gritar sin estar convencido. Hasta no verlo no lo creo. Y si no es verdad me linchan. Pero igual nos abrazamos, por qué no? Me siento como aquel viejito de la publicidad de Quilmes que grita el gol en la terraza con la oreja pegada a la radio cuando a todos se le corta la luz. El momento groso es este, los Talarga lo cantaron en la cocina sin saberlo. Tan groso es, que podría ser propaganda.
19.48hs Vuelve la señal y confirmamos el milagro. La repetición del festejo no tiene precio: Palermo primero se ríe como un niño, loco de contento, y a la mitad de la carrera cae en la cuenta de lo que sucedió y se larga a llorar. Extiende los brazos, la lluvia lo baña y él no entiende por qué está destinado a hacer cosas como esas. Pero es así.
20.12hs Salimos al pasto oscuro y mojado sin saber qué hacer ni a dónde ir. No podemos contener tanta energía en un solo cuerpo. Hay que sacarla. Corremos hasta la casita con la esperanza de encontrar alguien nuevo a quién abrazar y nos encontramos a Isa, que nos mira eufóricos sin entender. Le contamos todo, pero sigue sin entender. Nunca lo va a entender. Nunca en la vida.
20.17hs Gaby logra comunicarse con su papá. Lo primero que se dicen es lo siguiente:
-Palermo, no lo puedo creer.
-Palermo, no lo puedo creer.
Corta el teléfono. Nos cuenta que el padre volvió a la cancha después de quince años para ver este partido. Y tenía una entrada para él.
-No tenía que ser, no tenía que ser –dice.
Lo veo sonriendo, con sus rulos, sus anteojos y el sobretodo. Está tan Inspector Gadget que no me sale decírselo. Es como si ya lo supiera. Él saca la pelota de fútbol del cuarto y sale a correr con ella en la oscuridad del campo. Corremos detrás de su excelente idea sin saber cuándo frenar.
-Soy Palermo! –grita él.
-No! Yo Soy Palermo!
-Yo soy Palermo!
20.24hs Retomamos el aliento debajo de un árbol. Repasamos lo que pasó, por quinta vez.
-Y, sin embargo, aunque me siga callando a boca todas las veces, no dejo de pensar que lo único que hizo fue empujarla. Su mérito sólo es estar ahí, es raro –digo.
-Noooo… -aclara gaby – Hizo mucho esfuerzo para estar ahí. ¿Cuántos goles tuvo que hacer para que lo dejen estar ahí? Se ganó el derecho de estar ahí. Y ahí estuvo.
Tiene razón. Esperemos que también tenga razón cuando dice que este es solo un capítulo más de su saga. Que su película termina en la final del mundial haciendo un gol de carambola con la espalda, la nuca o la nariz.
-Y cuando lo haga no van a esperar a filmar la película. Le dan el Oscar directo. Para acortar camino.
Discutimos y proponemos a Nicolas Cage para el papel. O Will Ferrel, si se hace en clave de comedia. Luego decidimos salir a buscar a los chicos. A ciegas. De alguna manera los vamos a encontrar. Estas aventuras son así. Y allá vamos.
martes 20 de octubre de 2009
PLAN TANDIL - DIA 1
10.30hs Como debe ser, el viaje integrador del Club Cultural Matienzo hacia Tandil parte puntualmente desde el Club Cultural Matienzo. Luz, cual diva, llega cola de perro. Pero a diferencia de otras divas -como algunos de los chicos, tan coquetos y avant garde- ella entiende que en materia de ropa es preferible estar cómodo antes que ser fachero. Pequeña ilusión: quizás pueda ser dandi con mi jogging mugroso.
10.46hs Desde el auto trasero observamos el cuarteto del auto delantero: Nacho y Juan + Camille y Luz. Entrecerrando los ojos nos parece ver una estrategia.
11.21hs Me toca cebar el mate dulce, responsabilidad del acompañante. Nunca fui buen cebador, sin contar las veces que me cebo a mi mismo. Pero eso es distinto. Ahí no es con la yerba sino por la hierba. Cebar parece sencillo, pero los fundamentalistas del mate siempre me hicieron sentir que hay una ciencia oculta detrás del arte de tirar agüita caliente con cierta puntería. Me doy cuenta cuando Gore se enchastra el pulóver porque le serví hasta el tope. Nota: en un auto, menos es más.
12.38hs Hacemos balance del primer año del Club y Gore establece su prioridad:
-Quiero que me den ganas de cagar en Matienzo!
Sabri admite que ella cagó y no le gustó. Yo no comento, pero también cagué. Fue un cago express y paranoico. La puerta de un baño nunca debería estar lejos del inodoro. Menos cuando no tiene traba. ¿Y por qué muchas puertas de baños vienen con vidrio? No me importa que la característica del vidrio impida que se vean figuras detalladas. ¿Para qué, me querés decir, para qué?
12.54hs Quiero hacer pis, pero me aguanto en espera de una estación de servicio.
14.07hs Pasamos una estación por despistados. Me dicen de esperar la próxima.
14.18hs Quiero hacer pis. Lo digo en voz alta. Me piden que aguante un toque.
14.25hs Tengoqueaguantartengoqueaguantartengoqueaguantartengoqueagua
14.31hs Entiendo que mi control mental no tiene razón de ser. ¿Por qué no parar a un costado? ¿Mi sufrimiento los hará llegar dos minutos antes? Ellos me tratan de flojo, quieren pasarme una botella vacía, dicen que parar en la banquina es peligroso. Mentiras!
14.35hs Frená la reconcha de tu madre, frená. Hijo de remil puta.
14.36hs Ahh. (Suspiro)
14.38hs Por fin puedo pensar en otra cosa. Elijo sonreír por Pablito Aimar en la selección y repasar mis tres buenas jugadas de la semana pasada en mi torneo amateur de fútbol once. El viaje por un momento se transforma en un Ego Trip.
Banda sonora: Me encontré una chica en la plaza… (de 2’)
16.42 Llegamos a Tandil. Nos reciben Agus y Pau, la parejita que llegó en micro. El complejo que alquilamos tiene buena cuota de naturaleza y cabañitas. Parece la comunidad de Lost o la aldea de Los Pitufos. Ya sea como Charly o Pitufo Cinéfilo, siento que encajo.
17.33 La parejita estuvo piola y ya analizó virtudes y defectos de cada cama matrimonial. Una viene con tribuna. En el mismo cuarto hay una cama marinera lista para recibir espectadores. Me imagino durmiendo en la de arriba, alentando hasta que el sexo ocurra. Luego podría aprovechar mi visual para dar indicaciones. Y si me tiro a la pileta desde ahí tendrían que sumarme. Aunque dicen que la matrimonial de las orgías es la del living, porque está en un lugar de paso. El que pase por ahí está a un paso de participar. Nota: tomarlo con tranquilidad. Paso a paso. Brutos y ansiosos no pegan en las orgías.
17.47hs Cerrar los ojos con el solcito en plena cara tiene un efecto similar al que me generaba de chico despertarme en la camita con el sonido de la aspiradora o las nebulizaciones de mi hermano en el cuarto. Se siente como un abrazo imaginario.
18.23hs Paula cuenta algunos datos de interés sobre los gatitos recién nacidos. Parece que se quedan inmóviles por nueve días hasta que de pronto despabilan todos juntos y salen a aventurarse al mundo. En lo de su amigo uno apareció de pronto en la cocina.
-¿Y vos qué hacés acá? –le preguntaron.
Subieron a ver y estaban todos desparramados por ahí. Una tablita de madera cayó sin querer sobre dos gatitos que murieron al instante.
-Fue un horror! –recuerda Pau.
Las chicas la consuelan con ojos vidriosos. Los hombres somos de piedra. Aunque siento que Juan se está conteniendo para no perder su condición de macho. Así se confirma definitivamente que los gatos no tienen nueve vidas. ¿O eran siete? Lo cierto es que, a diferencia de otros gatos muertos que he conocido, esta vez sí puedo estar seguro de que no sufrieron antes todas las otras muertes. En nueve días podés morirte durmiendo alguna que otra vez, pero más de cinco veces no da. No te la creo.
21.42hs El primer quién es quién subjetivo es un éxito. Lo armé con fotos de todos nosotros para ver cuánto nos conocemos. Y resulta que bastante, porque en el primer partido ellos adivinaron a Luz y nosotros por un pelito no le pegamos a Gaby.
-No puedo creer que me adivinaron! –se sorprendió Luz, sintiéndose querida. Para ella fue un momento tan groso, que luego lo tuvimos que hacer canción.
Algunas preguntas divertidas que dejó el juego: ¿Prefiere perro o gato? ¿Si fuera superhéroe sería fortachón o de los que vuelan? ¿Se cree invencible? ¿Si fuera jugador de futbol y le sale la oportunidad se va a Europa y deja a la familia? ¿Coje en la primera cita? ¿Obse o relax? ¿Hace caso? ¿Planifica el festejo de gol? ¿En el sexo: arriba o abajo? ¿Si fuera perro, ladraría por ladrar? ¿Se mira mas de cinco veces al espejo por día? ¿Se disfrazaría por fanatismo? ¿Te come un pancho de parado? ¿Personal o comunidad Movistar? ¿Te trepa un árbol por puro gusto?
23.12hs Los hombres preparamos el fogón para el asado. Las mujeres Dios sabe qué andarán haciendo en una de las cabañas. Si Dios sabe, y es lo que pensamos, es un pervertido. Por si acaso no es lo que pensamos, juntamos las manos alrededor del fuego y cerramos los ojos deseando que se estén tocando.
23.24hs Gore se hizo cargo del asado. La entraña está entrañable. Más rica, imposible. Pero la estrella parece ser la morcilla. Siento que mi empecinamiento de comer morcilla en cada asado durante años y a pesar de que no me convencían está basado en el recuerdo de una morcilla parecida a esta, una década atrás. ¿Eso significa que acabo de firmar otra década de morcillas gomosas? No me importa. Hoy soy feliz.
23.42hs Juan regresa luego de chequear si nuestro deseo se había cumplido. Cuenta que abrió la puerta del cuarto y vio a Camille acostada boca abajo en la matrimonial y Paula rodando sobre ella perpendicularmente. Las demás alentaban desde la tribuna. Lo llamaban el enrolamiento y parecía ser placentero para ambas participantes.
-¿Pero por qué con ropa? –preguntó Juan.
Lo echaron por pudor. Estuvimos cerca, nos faltó un poco de fuerza en el deseo.
23.58hs Llegan otros dos autos. Estamos casi todos. Mañana será otro día. Otro post.
10.46hs Desde el auto trasero observamos el cuarteto del auto delantero: Nacho y Juan + Camille y Luz. Entrecerrando los ojos nos parece ver una estrategia.
11.21hs Me toca cebar el mate dulce, responsabilidad del acompañante. Nunca fui buen cebador, sin contar las veces que me cebo a mi mismo. Pero eso es distinto. Ahí no es con la yerba sino por la hierba. Cebar parece sencillo, pero los fundamentalistas del mate siempre me hicieron sentir que hay una ciencia oculta detrás del arte de tirar agüita caliente con cierta puntería. Me doy cuenta cuando Gore se enchastra el pulóver porque le serví hasta el tope. Nota: en un auto, menos es más.
12.38hs Hacemos balance del primer año del Club y Gore establece su prioridad:
-Quiero que me den ganas de cagar en Matienzo!
Sabri admite que ella cagó y no le gustó. Yo no comento, pero también cagué. Fue un cago express y paranoico. La puerta de un baño nunca debería estar lejos del inodoro. Menos cuando no tiene traba. ¿Y por qué muchas puertas de baños vienen con vidrio? No me importa que la característica del vidrio impida que se vean figuras detalladas. ¿Para qué, me querés decir, para qué?
12.54hs Quiero hacer pis, pero me aguanto en espera de una estación de servicio.
14.07hs Pasamos una estación por despistados. Me dicen de esperar la próxima.
14.18hs Quiero hacer pis. Lo digo en voz alta. Me piden que aguante un toque.
14.25hs Tengoqueaguantartengoqueaguantartengoqueaguantartengoqueagua
14.31hs Entiendo que mi control mental no tiene razón de ser. ¿Por qué no parar a un costado? ¿Mi sufrimiento los hará llegar dos minutos antes? Ellos me tratan de flojo, quieren pasarme una botella vacía, dicen que parar en la banquina es peligroso. Mentiras!
14.35hs Frená la reconcha de tu madre, frená. Hijo de remil puta.
14.36hs Ahh. (Suspiro)
14.38hs Por fin puedo pensar en otra cosa. Elijo sonreír por Pablito Aimar en la selección y repasar mis tres buenas jugadas de la semana pasada en mi torneo amateur de fútbol once. El viaje por un momento se transforma en un Ego Trip.
Banda sonora: Me encontré una chica en la plaza… (de 2’)
16.42 Llegamos a Tandil. Nos reciben Agus y Pau, la parejita que llegó en micro. El complejo que alquilamos tiene buena cuota de naturaleza y cabañitas. Parece la comunidad de Lost o la aldea de Los Pitufos. Ya sea como Charly o Pitufo Cinéfilo, siento que encajo.
17.33 La parejita estuvo piola y ya analizó virtudes y defectos de cada cama matrimonial. Una viene con tribuna. En el mismo cuarto hay una cama marinera lista para recibir espectadores. Me imagino durmiendo en la de arriba, alentando hasta que el sexo ocurra. Luego podría aprovechar mi visual para dar indicaciones. Y si me tiro a la pileta desde ahí tendrían que sumarme. Aunque dicen que la matrimonial de las orgías es la del living, porque está en un lugar de paso. El que pase por ahí está a un paso de participar. Nota: tomarlo con tranquilidad. Paso a paso. Brutos y ansiosos no pegan en las orgías.
17.47hs Cerrar los ojos con el solcito en plena cara tiene un efecto similar al que me generaba de chico despertarme en la camita con el sonido de la aspiradora o las nebulizaciones de mi hermano en el cuarto. Se siente como un abrazo imaginario.
18.23hs Paula cuenta algunos datos de interés sobre los gatitos recién nacidos. Parece que se quedan inmóviles por nueve días hasta que de pronto despabilan todos juntos y salen a aventurarse al mundo. En lo de su amigo uno apareció de pronto en la cocina.
-¿Y vos qué hacés acá? –le preguntaron.
Subieron a ver y estaban todos desparramados por ahí. Una tablita de madera cayó sin querer sobre dos gatitos que murieron al instante.
-Fue un horror! –recuerda Pau.
Las chicas la consuelan con ojos vidriosos. Los hombres somos de piedra. Aunque siento que Juan se está conteniendo para no perder su condición de macho. Así se confirma definitivamente que los gatos no tienen nueve vidas. ¿O eran siete? Lo cierto es que, a diferencia de otros gatos muertos que he conocido, esta vez sí puedo estar seguro de que no sufrieron antes todas las otras muertes. En nueve días podés morirte durmiendo alguna que otra vez, pero más de cinco veces no da. No te la creo.
21.42hs El primer quién es quién subjetivo es un éxito. Lo armé con fotos de todos nosotros para ver cuánto nos conocemos. Y resulta que bastante, porque en el primer partido ellos adivinaron a Luz y nosotros por un pelito no le pegamos a Gaby.
-No puedo creer que me adivinaron! –se sorprendió Luz, sintiéndose querida. Para ella fue un momento tan groso, que luego lo tuvimos que hacer canción.
Algunas preguntas divertidas que dejó el juego: ¿Prefiere perro o gato? ¿Si fuera superhéroe sería fortachón o de los que vuelan? ¿Se cree invencible? ¿Si fuera jugador de futbol y le sale la oportunidad se va a Europa y deja a la familia? ¿Coje en la primera cita? ¿Obse o relax? ¿Hace caso? ¿Planifica el festejo de gol? ¿En el sexo: arriba o abajo? ¿Si fuera perro, ladraría por ladrar? ¿Se mira mas de cinco veces al espejo por día? ¿Se disfrazaría por fanatismo? ¿Te come un pancho de parado? ¿Personal o comunidad Movistar? ¿Te trepa un árbol por puro gusto?
23.12hs Los hombres preparamos el fogón para el asado. Las mujeres Dios sabe qué andarán haciendo en una de las cabañas. Si Dios sabe, y es lo que pensamos, es un pervertido. Por si acaso no es lo que pensamos, juntamos las manos alrededor del fuego y cerramos los ojos deseando que se estén tocando.
23.24hs Gore se hizo cargo del asado. La entraña está entrañable. Más rica, imposible. Pero la estrella parece ser la morcilla. Siento que mi empecinamiento de comer morcilla en cada asado durante años y a pesar de que no me convencían está basado en el recuerdo de una morcilla parecida a esta, una década atrás. ¿Eso significa que acabo de firmar otra década de morcillas gomosas? No me importa. Hoy soy feliz.
23.42hs Juan regresa luego de chequear si nuestro deseo se había cumplido. Cuenta que abrió la puerta del cuarto y vio a Camille acostada boca abajo en la matrimonial y Paula rodando sobre ella perpendicularmente. Las demás alentaban desde la tribuna. Lo llamaban el enrolamiento y parecía ser placentero para ambas participantes.
-¿Pero por qué con ropa? –preguntó Juan.
Lo echaron por pudor. Estuvimos cerca, nos faltó un poco de fuerza en el deseo.
23.58hs Llegan otros dos autos. Estamos casi todos. Mañana será otro día. Otro post.
jueves 8 de octubre de 2009
PODER
Yo ya estaba más que conforme. Siempre me conformo a eso de las cuatro de la mañana. Pero ellos querían seguir. Hay que seguir, que seguir. En esa época nos juntábamos todos los viernes en un bar a tomar cerveza. Era de esos bares-kioscos que tienen afuera mesas de plástico con sombrillas que dicen frigor, y adentro gaseosas de pomelo marca pindapoy para que el vino pase más fácil.
Mientras el melli y Juan compraban las últimas botellas para llevar antes de que el bar cerrara, yo los miraba con las manos en los bolsillos, el frío en las mejillas y el cerebro doblado. La sensación de que en cualquier momento caía al piso. Había que concentrarse. Y eso que había caído tarde y de sorpresa, como de costumbre. Después que alguno haya gastado sus monedas en la rockola para establecer el clima (cumbia o roquenrol); cuando la mesa ya contaba con unas quince botellas vacías, la típica discusión de fútbol por la mitad y varios chistes malignos con un mismo destinarario.
Quizás llegaba tarde para que ya tengan elegido al muchacho al que iban a tener de punto esa noche. Pero lo cierto es que ir o no ir para mi era una decisión de último momento. Yo era algo así como un freelance del grupo: nunca esperado, siempre bienvenido.
Salieron con seis botellas y ningún plan. Como acto reflejo fuimos al auto -estacionado en esa misma cuadra, sobre Libertador a unos metros del puente de la Av. Gral Paz-, pusimos música, abrimos las puertas y las cervezas. Seguimos nomás. Hasta el final final. Tomar por deporte. Porque somos jovenes, qué tanto. En algo tenían razón: la cumbia sin el alcohol no sería lo mismo. Incluso con el alcohol para mi no era lo mismo. Y se ve que para algún vecino tampoco, porque cayó la policía. Eran casi las cinco de la mañana.
El melli salió del auto hacia los dos hombres de uniforme. Los demás nos quedamos mirando, expectantes. Los policías hicieron exactamente lo que suelen hacer: uno se tomó todo su tiempo para mirar fijamente a los ojos mientras pidió los papeles (método de intimidación nº 1) y luego los examinó muy muy despacio, como un padre millonario observando el boletín de calificaciones del mocoso. El otro aguardaba un paso atrás, en posición de pichi. Pero el melli estaba tranquilo. Como si tuviera experiencia.
Encontraron el desliz y parecieron sonreír. Pero por dentro. La cédula verde estaba a nombre del hermano del melli (mejor conocido como "el melli"). La suya estaba extraviada en su casa y, en el apuro, él manoteó la cédula de su media naranja fraternal.
-No sos el titular pibe. Vamos a tener que llevar el auto nomás -dijo con total seriedad. Como si no supiéramos que esperaba la coima.
-Bueno, pero dejame sacar el estéreo antes, que ya se cómo son ustedes...
Epale! El melli se puso combativo. Cana principal abrió los ojos desorientado.
-Ojito eh... qué querés decir con eso?
-Ojito nada, te creés que voy a dejarles el estéreo servido? Así como así?
No teníamos chances de interferir. Estabamos un metro detrás, testigos del desastre por venir, con las cervezas sobrantes escondidas. El melli sacó su celular y marcó un número frente a los dos policías que demoraron un poco en reaccionar. A esto sí que no estaban acostumbrados.
-Hola viejo? Si, disculpame que te llame a esta hora... pero acá hay un cana que si no tuviera el arma encima lo cago a trompadas. Me quieren llevar el auto, viejo.
El policía (no el pichi, ese siempre silencioso y detrás) dio un paso al frente.
-No te voy a permitir..
-Discúlpeme! -celular en el oído, la otra mano alzada en señal de deténgase (con el índice en alto!)- No me interrumpa! Que acá estoy teniendo una conversación privada con mi padre.. no ve que estoy hablando? Sí viejo, si. Por nada, se quieren pasar de vivos.
-Nene, no se quién te pensás que... pero a mi me tratás con respeto.
El melli lo miró a los ojos extendiéndole el teléfono.
-Es mi papá. Quiere hablar con usted.
Esa no se la esperaba. Atendió nomás, para sacarse la curiosidad.
-Si... si... ajá -decía. Cada tanto lo miraba al melli, parado, manos en los costados, pera levantada. Y ahora qué vas a hacer?
-Está bien... muy bien.
El cana cortó el celular y lo devolvió con respeto.
-Zafaste pibe.
No dijo más. Se dio vuelta y le indicó al pichi la retirada. No los vovimos a ver.
Después me enteré que el padre de los mellis es Juez.
Y que eso es tener poder.
Mientras el melli y Juan compraban las últimas botellas para llevar antes de que el bar cerrara, yo los miraba con las manos en los bolsillos, el frío en las mejillas y el cerebro doblado. La sensación de que en cualquier momento caía al piso. Había que concentrarse. Y eso que había caído tarde y de sorpresa, como de costumbre. Después que alguno haya gastado sus monedas en la rockola para establecer el clima (cumbia o roquenrol); cuando la mesa ya contaba con unas quince botellas vacías, la típica discusión de fútbol por la mitad y varios chistes malignos con un mismo destinarario.
Quizás llegaba tarde para que ya tengan elegido al muchacho al que iban a tener de punto esa noche. Pero lo cierto es que ir o no ir para mi era una decisión de último momento. Yo era algo así como un freelance del grupo: nunca esperado, siempre bienvenido.
Salieron con seis botellas y ningún plan. Como acto reflejo fuimos al auto -estacionado en esa misma cuadra, sobre Libertador a unos metros del puente de la Av. Gral Paz-, pusimos música, abrimos las puertas y las cervezas. Seguimos nomás. Hasta el final final. Tomar por deporte. Porque somos jovenes, qué tanto. En algo tenían razón: la cumbia sin el alcohol no sería lo mismo. Incluso con el alcohol para mi no era lo mismo. Y se ve que para algún vecino tampoco, porque cayó la policía. Eran casi las cinco de la mañana.
El melli salió del auto hacia los dos hombres de uniforme. Los demás nos quedamos mirando, expectantes. Los policías hicieron exactamente lo que suelen hacer: uno se tomó todo su tiempo para mirar fijamente a los ojos mientras pidió los papeles (método de intimidación nº 1) y luego los examinó muy muy despacio, como un padre millonario observando el boletín de calificaciones del mocoso. El otro aguardaba un paso atrás, en posición de pichi. Pero el melli estaba tranquilo. Como si tuviera experiencia.
Encontraron el desliz y parecieron sonreír. Pero por dentro. La cédula verde estaba a nombre del hermano del melli (mejor conocido como "el melli"). La suya estaba extraviada en su casa y, en el apuro, él manoteó la cédula de su media naranja fraternal.
-No sos el titular pibe. Vamos a tener que llevar el auto nomás -dijo con total seriedad. Como si no supiéramos que esperaba la coima.
-Bueno, pero dejame sacar el estéreo antes, que ya se cómo son ustedes...
Epale! El melli se puso combativo. Cana principal abrió los ojos desorientado.
-Ojito eh... qué querés decir con eso?
-Ojito nada, te creés que voy a dejarles el estéreo servido? Así como así?
No teníamos chances de interferir. Estabamos un metro detrás, testigos del desastre por venir, con las cervezas sobrantes escondidas. El melli sacó su celular y marcó un número frente a los dos policías que demoraron un poco en reaccionar. A esto sí que no estaban acostumbrados.
-Hola viejo? Si, disculpame que te llame a esta hora... pero acá hay un cana que si no tuviera el arma encima lo cago a trompadas. Me quieren llevar el auto, viejo.
El policía (no el pichi, ese siempre silencioso y detrás) dio un paso al frente.
-No te voy a permitir..
-Discúlpeme! -celular en el oído, la otra mano alzada en señal de deténgase (con el índice en alto!)- No me interrumpa! Que acá estoy teniendo una conversación privada con mi padre.. no ve que estoy hablando? Sí viejo, si. Por nada, se quieren pasar de vivos.
-Nene, no se quién te pensás que... pero a mi me tratás con respeto.
El melli lo miró a los ojos extendiéndole el teléfono.
-Es mi papá. Quiere hablar con usted.
Esa no se la esperaba. Atendió nomás, para sacarse la curiosidad.
-Si... si... ajá -decía. Cada tanto lo miraba al melli, parado, manos en los costados, pera levantada. Y ahora qué vas a hacer?
-Está bien... muy bien.
El cana cortó el celular y lo devolvió con respeto.
-Zafaste pibe.
No dijo más. Se dio vuelta y le indicó al pichi la retirada. No los vovimos a ver.
Después me enteré que el padre de los mellis es Juez.
Y que eso es tener poder.
jueves 24 de septiembre de 2009
MAL SUEÑO
Estoy en una zapatería. Ella se está probando zapatillas que me gustan. Le digo que sí con la cabeza aprobando su compra a la distancia. La chica que atiende también me mira y yo le digo que sí, que los llevo. Tengo un deja vu. Me doy cuenta que el deja vu es en realidad un sueño. Ella viene hacia mí y se sienta a mi lado en el piso. No se por qué no nos sentamos en el banquito que usamos de respaldo.
-Soñé que te compraba unas zapatillas para poder darte un beso.
-Hubiera funcionado -se ríe ella.
Levanto dos dedos a la chica que atiende pidiéndole que envuelva las dos zapatillas como si fueran cafés. Ella se me tira encima y me da el beso antes que yo decida dárselo. Tenemos sexo ahí en el piso durante tres minutos. Esa parte no la veo ni la siento. La escucho nomás. Como si fuera una grabación de un contestador telefónico.
Estamos caminando por una calle empedrada. Ella aferrada a mi brazo. Me acuerdo que yo también me compré zapatillas pero con la distracción del sexo olvidé retirarlas. Volvemos a la zapatería. Le explico a la chica que atiende que cuando levanté los dos dedos quería pedir los dos pares de zapatillas, no las dos zapatillas. Me pregunta si tengo el ticket. Por suerte sí, pero al verlo en detalle veo que me cobraron de más. Me quejo. Nos fijamos mejor y nos damos cuenta que es el ticket de Maxi Moralez, el jugador de Racing.
-Debe ser porque se llaman igual -me dice la chica que atiende.
Estoy de acuerdo. Aunque me parece raro, porque me llamo Fernando.
Me pruebo las zapatillas de vuelta. Ella dice que están buenas. Las llevo. Repienso el asunto y me doy cuenta que alguien piensa que yo soy Maxi Moralez y ella la novia de Maxi Moralez. Eso es peligroso. Es una comedia de enredos con cambio de parejas pero con persecución de suspenso. Salimos a la ciudad y estamos en el futuro.
Estoy en un ascensor futurista. Ella ya no está conmigo. No se dónde la dejé. Por alguna razón se que Maxi Moralez me está persiguiendo. Es peligroso. Pero por qué? Cómo sabe él que yo cambié su identidad? Si el ticket de la zapatería lo tengo yo. Y cómo sabe dónde estoy? Por qué no me entero de todo el asunto? Esto no tiene sentido. Todavía estoy en el ascensor. Me voy frustrando, siento que me están encerrando acá para ganar tiempo. Encima es un desperdicio soñar con el futuro y quedarse atrapado en un ascensor.
Estoy en un auto. Es una limosina blanca. Esta es la escena final, el pico de tensión. Alguien al que no le veo la cara ni el cuerpo pero asumo que tiene un gato gris en la mano me dice que afuera está la otra pareja esperando para matarme.
Me canso, abro la puerta del auto y salgo.
-No! -grita el hombre del auto. Ya ni lo veo pero imagino sus zapatos negros lustradísimos.
Camino por el pasto frustrado.
-Así no va. Así no va. No juego más. Este sueño es de cuarta. No cierra por ningún lado. Para mi que lo soñó mo primo.
Aparece mi primo atrás mío a lo lejos en el pasto con el guión en la mano y un gorro viscera pidiéndome que no lo abandone sin avisar de antemano. Que falta la escena final y terminamos. No lo puedo dejar así, con el sueño por la mitad.
-Este sueño es malísimo. No se ni cómo consiguieron la plata para hacerlo -le digo.
Me despierto en la cama. Es tarde. En algún momento apagué el reloj despertador sin acordarme cuándo. Voy a la ducha. Prendo la caliente y me siento en la bañadera. Me gusta revivir el sueño con la ducha cayéndome como lluvia desde lejos. Intento reordenarlo pero sigue sin tener sentido. Es un sueño muy malo. Pero voy recordando episodios de mi día anterior. La conversación de zapatillas con paula, la peli de ciencia ficción futurista que vi, la revisión de las cuentas del local. Como el policiía en Los Sospechosos de Siempre suelto mi taza imaginaria y me doy cuenta de todos los pedazos sueltos de información que utilizaron mis guionistas cerebrales para armar el sueño. Quizás así fue cómo nació el germen de la idea de esa película. Se ve que esta vez los datos fueron tan distintos que los pobres guionistas se vieron en un brete e hicieron lo mejor que pudieron. No los culpo, mis sueños suelen ser mejores. Pero todavía no se de dónde salió Maxi Moralez.
-Soñé que te compraba unas zapatillas para poder darte un beso.
-Hubiera funcionado -se ríe ella.
Levanto dos dedos a la chica que atiende pidiéndole que envuelva las dos zapatillas como si fueran cafés. Ella se me tira encima y me da el beso antes que yo decida dárselo. Tenemos sexo ahí en el piso durante tres minutos. Esa parte no la veo ni la siento. La escucho nomás. Como si fuera una grabación de un contestador telefónico.
Estamos caminando por una calle empedrada. Ella aferrada a mi brazo. Me acuerdo que yo también me compré zapatillas pero con la distracción del sexo olvidé retirarlas. Volvemos a la zapatería. Le explico a la chica que atiende que cuando levanté los dos dedos quería pedir los dos pares de zapatillas, no las dos zapatillas. Me pregunta si tengo el ticket. Por suerte sí, pero al verlo en detalle veo que me cobraron de más. Me quejo. Nos fijamos mejor y nos damos cuenta que es el ticket de Maxi Moralez, el jugador de Racing.
-Debe ser porque se llaman igual -me dice la chica que atiende.
Estoy de acuerdo. Aunque me parece raro, porque me llamo Fernando.
Me pruebo las zapatillas de vuelta. Ella dice que están buenas. Las llevo. Repienso el asunto y me doy cuenta que alguien piensa que yo soy Maxi Moralez y ella la novia de Maxi Moralez. Eso es peligroso. Es una comedia de enredos con cambio de parejas pero con persecución de suspenso. Salimos a la ciudad y estamos en el futuro.
Estoy en un ascensor futurista. Ella ya no está conmigo. No se dónde la dejé. Por alguna razón se que Maxi Moralez me está persiguiendo. Es peligroso. Pero por qué? Cómo sabe él que yo cambié su identidad? Si el ticket de la zapatería lo tengo yo. Y cómo sabe dónde estoy? Por qué no me entero de todo el asunto? Esto no tiene sentido. Todavía estoy en el ascensor. Me voy frustrando, siento que me están encerrando acá para ganar tiempo. Encima es un desperdicio soñar con el futuro y quedarse atrapado en un ascensor.
Estoy en un auto. Es una limosina blanca. Esta es la escena final, el pico de tensión. Alguien al que no le veo la cara ni el cuerpo pero asumo que tiene un gato gris en la mano me dice que afuera está la otra pareja esperando para matarme.
Me canso, abro la puerta del auto y salgo.
-No! -grita el hombre del auto. Ya ni lo veo pero imagino sus zapatos negros lustradísimos.
Camino por el pasto frustrado.
-Así no va. Así no va. No juego más. Este sueño es de cuarta. No cierra por ningún lado. Para mi que lo soñó mo primo.
Aparece mi primo atrás mío a lo lejos en el pasto con el guión en la mano y un gorro viscera pidiéndome que no lo abandone sin avisar de antemano. Que falta la escena final y terminamos. No lo puedo dejar así, con el sueño por la mitad.
-Este sueño es malísimo. No se ni cómo consiguieron la plata para hacerlo -le digo.
Me despierto en la cama. Es tarde. En algún momento apagué el reloj despertador sin acordarme cuándo. Voy a la ducha. Prendo la caliente y me siento en la bañadera. Me gusta revivir el sueño con la ducha cayéndome como lluvia desde lejos. Intento reordenarlo pero sigue sin tener sentido. Es un sueño muy malo. Pero voy recordando episodios de mi día anterior. La conversación de zapatillas con paula, la peli de ciencia ficción futurista que vi, la revisión de las cuentas del local. Como el policiía en Los Sospechosos de Siempre suelto mi taza imaginaria y me doy cuenta de todos los pedazos sueltos de información que utilizaron mis guionistas cerebrales para armar el sueño. Quizás así fue cómo nació el germen de la idea de esa película. Se ve que esta vez los datos fueron tan distintos que los pobres guionistas se vieron en un brete e hicieron lo mejor que pudieron. No los culpo, mis sueños suelen ser mejores. Pero todavía no se de dónde salió Maxi Moralez.
miércoles 9 de septiembre de 2009
ESPERANDO EL PRESENTE
Dice que se dio cuenta.
Las mujeres que gustan de él siguen un mismo patrón:
Él no gusta de ellas.
.
Dice que es evidente.
Las mujeres que le gustan también siguen un patrón:
Ellas no gustan de él.
.
Dice que está esperando.
Que ellas cambien sus gustos, que él cambie los suyos.
Lo que suceda primero.
.
Dice que no sabe cuánto esperar.
Quisiera leer la respuesta en algún libro científico.
Pero sobre gustos no hay nada escrito.
.
Dice que va a seguir esperando.
Hasta encontrar la respuesta, para escribirla.
Y ayudar a sus colegas de la sala de espera.
.
No sabe que cuando la encuentre, ya no va a importarle.
Nada más que el presente.
Las mujeres que gustan de él siguen un mismo patrón:
Él no gusta de ellas.
.
Dice que es evidente.
Las mujeres que le gustan también siguen un patrón:
Ellas no gustan de él.
.
Dice que está esperando.
Que ellas cambien sus gustos, que él cambie los suyos.
Lo que suceda primero.
.
Dice que no sabe cuánto esperar.
Quisiera leer la respuesta en algún libro científico.
Pero sobre gustos no hay nada escrito.
.
Dice que va a seguir esperando.
Hasta encontrar la respuesta, para escribirla.
Y ayudar a sus colegas de la sala de espera.
.
No sabe que cuando la encuentre, ya no va a importarle.
Nada más que el presente.
lunes 7 de septiembre de 2009
HACIENDO TRAMPA
Casi siempre sucede en una fiesta familiar. Tipo casamiento, fiesta de quince o Bar mitzvah. El abuelo Tito emerge entre primos y tíos y me dice de jugar al backgammon. O como él le llama: el Taure. El backgammon es nuestra forma de relacionarnos.
Él nunca se cansó de jugar. Al principio me ganaba (siempre fue un tipo de suerte), pero con el tiempo cada tanto vencía yo y, cerca del final, los dos hacíamos fuerza para que ganara él. Así lo veía contento. Su versión contenta era más propensa a regalarme algún vuelto para ir al cine o comprar chocolates. Al terminar el partido nos estrechamos la mano como gerentes de empresas multinacionales.
Pocas cosas son más graciosas como ver al abuelo Tito hacer trampa para ganar. Solía aprovecharse de su alzheimer pasajero descaradamente. Yo a veces lo dejaba hacer y otras le discutía para verlo discutir lo indiscutible. Graciosísimo. Pero lo raro de jugar en esta fiesta -casamiento, fiesta de quince o Bar mitzvah-, es que el abuelo Tito todavía no se de cuenta de que está muerto. Y a mi me da vergüenza avisarle.
Entonces jugamos. Como de costumbre me da a elegir y yo elijo las blancas. Tiramos los dados y él saca un seis (suertudo) que le gana a mi cinco. Empieza él, entonces.
A veces se equivoca en alguna movida y yo le sugiero corregirla. Hay que dejarlo ganar. Otras veces se impacienta al ver que pienso demasiado y mueve las fichas por mí recomendándome la mejor jugada. Igual que antes. Solo que todo este tiempo pienso que al abuelo Tito lo falso enterramos y él volvió para refutarnos a todos los que asumimos su muerte y refregarnos en la cara el año de más que piensa vivir. De alguna manera se que él volvió para vivir un año más. Ni más ni menos. Y que cuando nos acostumbremos a su presencia va a morirse de verdad, por segunda vez. Para irse cuando él quiera. Pienso todo eso mientras el abuelo sigue jugando. Y trato de que no se note la mezcla de susto y culpa que siento por haber ido a su velorio antes de tiempo. Siempre es así. Cada vez que lo sueño.
El abuelo Tito hace como si nada. Sigue jugando. Y nosotros –mis primos, mis tíos y yo- nos miramos a los ojos cómplices en silencio y tampoco decimos nada. Para que no se de cuenta. Pero sabemos que él está haciendo de cuenta. Que se hace el distraído. Que está haciendo trampa. Y es graciosísimo.
Él nunca se cansó de jugar. Al principio me ganaba (siempre fue un tipo de suerte), pero con el tiempo cada tanto vencía yo y, cerca del final, los dos hacíamos fuerza para que ganara él. Así lo veía contento. Su versión contenta era más propensa a regalarme algún vuelto para ir al cine o comprar chocolates. Al terminar el partido nos estrechamos la mano como gerentes de empresas multinacionales.
Pocas cosas son más graciosas como ver al abuelo Tito hacer trampa para ganar. Solía aprovecharse de su alzheimer pasajero descaradamente. Yo a veces lo dejaba hacer y otras le discutía para verlo discutir lo indiscutible. Graciosísimo. Pero lo raro de jugar en esta fiesta -casamiento, fiesta de quince o Bar mitzvah-, es que el abuelo Tito todavía no se de cuenta de que está muerto. Y a mi me da vergüenza avisarle.
Entonces jugamos. Como de costumbre me da a elegir y yo elijo las blancas. Tiramos los dados y él saca un seis (suertudo) que le gana a mi cinco. Empieza él, entonces.
A veces se equivoca en alguna movida y yo le sugiero corregirla. Hay que dejarlo ganar. Otras veces se impacienta al ver que pienso demasiado y mueve las fichas por mí recomendándome la mejor jugada. Igual que antes. Solo que todo este tiempo pienso que al abuelo Tito lo falso enterramos y él volvió para refutarnos a todos los que asumimos su muerte y refregarnos en la cara el año de más que piensa vivir. De alguna manera se que él volvió para vivir un año más. Ni más ni menos. Y que cuando nos acostumbremos a su presencia va a morirse de verdad, por segunda vez. Para irse cuando él quiera. Pienso todo eso mientras el abuelo sigue jugando. Y trato de que no se note la mezcla de susto y culpa que siento por haber ido a su velorio antes de tiempo. Siempre es así. Cada vez que lo sueño.
El abuelo Tito hace como si nada. Sigue jugando. Y nosotros –mis primos, mis tíos y yo- nos miramos a los ojos cómplices en silencio y tampoco decimos nada. Para que no se de cuenta. Pero sabemos que él está haciendo de cuenta. Que se hace el distraído. Que está haciendo trampa. Y es graciosísimo.
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